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Mostrando entradas de mayo, 2017

EL CAMINANTE

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Juntó con paciencia los trozos de su corazón ensangrentado lastimado de tanto andar. Y los acomodó como pudo en el centro de su pecho. Ya se había ido esa sensación de vacío, la nada misma acomodada en su ser. Vaciló unos segundos y decidió seguir. Por momentos lo invadía la tentación de mirar atrás, a veces lo atormentaban miles de preguntas ¿Por qué? ¿Qué hice mal? Pero se había propuesto no mirar atrás, dejar de lado el pasado y seguir, solo seguir. El temple de su espíritu lo ayudaba en esa tarea que a veces parecía titánica, pues no era fácil caminar con el corazón ensangrentado, con heridas aun frescas,  el alma fatigada y la mente llena de recuerdos, que a veces se convertían en ideas oscuras. ¿Y si me quedo aquí? ¿Y si me abandono? ¿Y si acabo este viaje de una vez por todas? Pero sus ojos no dejaban de mirar más allá. Entre ceja y ceja tenía el final del camino. Veía las luces de las farolas que le indicaban donde ir. Tomaba aire, como llenando su cuerpo de nueva vida y po…

¿Y AHORA QUÉ NOS QUEDA?

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- Y ahora ¿qué nos queda después de esto?- le preguntaron...
- Queda lo que siempre tuvimos, lo que nadie puede arrebatarnos.
Queda seguir luchando, seguir amando, ahora más que nunca, ahora más que siempre.
Queda transformar la decepción en esperanza.
Queda tanto por hacer que me pregunto: ¿Vale la pena quedarse en el lamento?
Queda aprender de los errores propios, sabiendo que si algo no funcionó es porque había mucho por mejorar.
Queda esa lucha que siempre estuvo y que no tiene banderas, o mejor dicho sí, tiene una bandera llena de rostros, de esos oprimidos, marginados, hambrientos de amor y de pan.
Esa lucha que se libra todos los días, dentro tuyo, y que luego sale, la misma que te hace diferente, la que te impulsa a pensar que cambiar la realidad depende de una sola persona, de vos.
Queda mirarse a los ojos y sonreír, la utopía que sabés que no es irrealizable, los sueños aún vivos.

LAS HORAS DEL SOL

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Una buena vez los días se hicieron más largos y las noches más cortas. Síntoma de madurez o la vida misma que iba cambiando de forma, hicieron que la realidad tuviera otro color. Una metáfora tal vez del triunfo de la luz sobre la oscuridad. Y ahí estaba nuevamente queriendo sumergirse en la sombras, pero había una fuerza mucho más grande que eso. Ese mismo impulso que había hecho de su ser una existencia luminosa, que llenaba de paz al que se cruzaba en su camino. Esa era su esencia, aunque en ocasiones sus más bajos instintos le resultaban difíciles de evadir. Ahí estaba en medio de una disputa de fuerzas opuestas que tiraban en direcciones diferentes y que querían llevarse consigo el mejor botín. Pero la luz brilló, los colores se encendieron
y las horas se llenaron del sol.

DESNUDANDO EL ALMA

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A ella le gustaba desnudar primero su cuerpo y luego su alma. Quizás en el desparpajo de esas sábanas podía sentirse realmente libre. Quizás solamente en esa cama era capaz de anular por completo su razón para dejarse llevar por la voluntad de su corazón. Lo cierto era que ella esperaba que él la despojara lentamente de sus ropas y la envolviera en besos y suaves caricias que llegaban a los lugares mas recónditos de su bella humanidad. Él era capaz de acostarla en una nube de placer, que ella gozaba sin culpa, sin presiones, liberándose de todas sus ataduras. Y en sus bocas, y en sus sexos se iban prendiendo fuego y viajando a los límites del universo, para, una vez extasiados de tanto ardor, volver en paz a este mundo en el que podrían decirse sus verdades, compartir sus penas, abrir sus heridas sin remordimientos, y abrazarse, solamente abrazarse,
con el cuerpo y el alma desnudos.

SUS ÚLTIMOS DÍAS

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Sus últimos días fueron un misterio. A veces recordaba esos rostros que la rodeaban con cierta familiaridad y nostalgia, Por momentos venían a su mente esas mismas caras preocupadas pero transformadas en sonrisa. Algunos días despertaba aquejada por dolores que ni siquiera le daban tregua para pensar, otros en cambio abría los ojos  y se sentía reconfortada al mirar por la ventana, y ver el azul del cielo transformado en consuelo. Por momentos se veía a si misma corriendo y riendo por entre medio de los cañaverales del ingenio, El aroma a bagazo, la rectitud materna y la compañía infaltable de sus hermanos. De pronto se veía asombrada ante la larga cabellera de una india maciza que peinaba sus pelos eternos con cierta parsimonia. Luego volvía a dormirse y despertaba sumergida en uno tacho de su tamaño en medio de risas de carnaval con aroma a albahaca suplicando a su amado que la sacara de allí, que ya se había mojado, que ya no quería jugar. Luego, el dolor, la anestesia que la …

A DESTIEMPO

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Ella lo miró, y encontró en sus ojos la respuesta que buscaba. Se enamoró, y saboreó la felicidad. Se dispuso a dar la vida por su amado. Quiso llenarlo de detalles. lo amó con todas sus fuerzas. Tomó su mano, tocó su alma. Y exploró nuevos mundos Fue felíz. Pero, él ya no la estaba mirando. Él había encontrado en las decepciones las respuestas que no quería aceptar. Se desencantó, y masticó amargas tristezas. No le quedaba más por dar, pues el corazón se le había agotado. Cada detalle lo había cansado. Quiso olvidarla con todas sus fuerzas. Soltó su mano. Se alejó de su alma. Y salió a buscar otros mundos. Sintió una tristeza profunda,
pues estaban a destiempo.

QUE NO ME MIRE

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-Que no me mire a los ojos- pensó como queriendo esquivar con su mente la fatalidad inevitable de tener que ver su alma nuevamente  a través de esa mirada fulminante, que la dejaba sin defensas y tiraba abajo las murallas que con tantos años de trabajo había logrado construir. Pero nada pudo parar la embestida de esa bestia de fuego que se aproximó llevando consigo la llama inextinguible de un amor que no fue, y que la vida había decidido llevarse como encaprichada en no dejar que sucedan algunas cosas. Y ahí fue que se produjo el encuentro nuevamente la angustia, los ojos vidriosos, el llanto acumulado, el corazón a punto de estallar, el mundo entero en suspenso, la vida ralentizada. ¿Nuevamente sin palabras? ¿Qué estará pensando él? ¿Por qué me miró? Tragó saliva, se aguantó el nudo, construyó una muralla más grande aún y se fue, si, se fue. Otra vez burló el destino, y con un ademán de reina se despidió.
-Que no me vuelva a mirar- pensó.

LOS DÍAS DE MAYO

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Los fríos días de Mayo llegaban cargados de recuerdos. De repente, parecía que el tiempo no había avanzado ni solo un segundo. Y él volvía a estar en el mismo banco en que lo sorprendió esa mirada dulce que antecedió a una sonrisa radiante, que recién había empezado a descubrir. El aire fresco ruborizando sus mejillas y el abrazo inevitable que se regalaron los cuerpos. La tranquilidad de sentir sus frágiles brazos apretando con fuerza descomunal. Le gustaba volver a escuchar sus pasos vibrar al lado de los suyos. Y sentirse nuevamente en ese refugio seguro. Los días de mayo tenían ese aroma de nostalgia que desempolvaba algunos sueños. En esos momentos volvía a ser
ese adolescente inquieto que nada sabía de miedos. Los fríos días del mes de Mayo eran tan especiales que podían abstraerlo a una realidad que quizás no existía. Esos atardeceres llenos de colores en los que el cielo parecía ser el lienzo de un artista que pinta a su antojo. Los días de Mayo eran así
fugaces y eternos…

SU SONRISA

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Hasta el último de sus días lo condenó el recuerdo lleno de luz de esa sonrisa fresca y radiante. Su boca sensual que daba paso a la alegría, su mirada súbita hacia el cielo, como agradeciendo a Dios por aquel momento de gloria. Luego, sus ojos encontrándolo en medio de la gente y posándose en su mirada tierna, radiante de felicidad por la sola razón de verla sonreír. No olvidaría nunca esa risa estruendosa que explotaba con cada gesto, ni tampoco su locura transformada en canto. Todavía tenía intacto en su piel el calor de sus manos suaves, sus dedos finos y delicados que escondían mil secretos que al rozar las manos de él se descubrían al mundo.

SEGUIR

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Estuve tirado pero me levanté, me sumergí en mis oscuridades más profundas a donde me llevaron las heridas de una batalla perdida. Me vencieron, pero no lograron doblegarme. Miré al pasado mucho tiempo, pero ahora veo detrás de esas montañas. Me recluí en la prisión de mi espíritu, pero ya no quiero más de eso. Pude cortar las cadenas que no me dejaban volar. Y decidí arrancar de nuevo, emprender el vuelo, animarme a soñar. El mundo sigue siendo el mismo pero yo ya no. Ya no, es lo que tuve que repetirme más de mil veces para entender que a veces de tanto dar el corazón se desgasta y al no encontrar nada se entristece.
Ya no, es hora de seguir.