DESNUDANDO EL ALMA


A ella le gustaba desnudar primero su cuerpo
y luego su alma.
Quizás en el desparpajo de esas sábanas
podía sentirse realmente libre.
Quizás solamente en esa cama
era capaz de anular por completo su razón
para dejarse llevar por la voluntad de su corazón.
Lo cierto era que ella
esperaba que él la despojara
lentamente de sus ropas
y la envolviera en besos
y suaves caricias
que llegaban a los lugares mas recónditos
de su bella humanidad.
Él era capaz de acostarla
en una nube de placer,
que ella gozaba sin culpa,
sin presiones,
liberándose de todas sus ataduras.
Y en sus bocas, y en sus sexos
se iban prendiendo fuego
y viajando a los límites del universo,
para, una vez extasiados de tanto ardor,
volver en paz a este mundo
en el que podrían decirse sus verdades,
compartir sus penas,
abrir sus heridas sin remordimientos,
y abrazarse,
solamente abrazarse,

con el cuerpo y el alma desnudos.

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