QUE NO ME MIRE


-Que no me mire a los ojos- pensó
como queriendo esquivar con su mente
la fatalidad inevitable
de tener que ver su alma nuevamente
 a través de esa mirada fulminante,
que la dejaba sin defensas
y tiraba abajo las murallas
que con tantos años de trabajo
había logrado construir.
Pero nada pudo parar
la embestida de esa bestia de fuego
que se aproximó
llevando consigo la llama inextinguible
de un amor que no fue,
y que la vida había decidido llevarse
como encaprichada en no dejar
que sucedan algunas cosas.
Y ahí fue que se produjo el encuentro
nuevamente la angustia,
los ojos vidriosos,
el llanto acumulado,
el corazón a punto de estallar,
el mundo entero en suspenso,
la vida ralentizada.
¿Nuevamente sin palabras?
¿Qué estará pensando él?
¿Por qué me miró?
Tragó saliva, se aguantó el nudo,
construyó una muralla más grande aún
y se fue, si, se fue.
Otra vez burló el destino,
y con un ademán de reina se despidió.

-Que no me vuelva a mirar- pensó.

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