DESPERTAR


La rutina se le había metido por los poros
y le había endurecido el rostro.
Una expresión de hierro
se le notaba en los ojos.
El mundo seguía girando,
pero el estaba parado ahí
recibiendo grandes ventarrones,
y siendo testigo del teatro,
de la gran farsa mundial,
donde todo es apariencia.
Y llegó Flor, le sonrió y lo abrazó
pero el estaba impávido.
Si había algo que odiaba
eran esas caretas en rostros ajenos
que ocultan odio, hipocresía y mucha mierda.
De lejos notó la sonrisa falsa de esa mujer
que traía entre sus ropas un puñal.
Pero siguió inmóvil, quizás desafiante.
Una pasividad potente
magnificada por su presencia fulminante.
Lo que nadie esperaba era que los débiles latidos
de un corazón de fuego lo llevaran a reaccionar.
Se despertó como luego de un sueño profundo,
y un cansancio maratónico se apoderó de su cuerpo.
Pero el fuego volcánico de su interior pudo más.
Así fue como sus ojos se convirtieron en los de una fiera,
paró el mundo de un solo movimiento y sopló fuerte,

tan fuerte que despertó a muchos otros.

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